Como volver a ser niños. pexels pixabay 35669.

Capacidad de asombro, un camino a la autenticidad

Un día, mientras escribía, comenzaron a llegar recuerdos de mi niñez. Volvieron escenas simples que, en su momento, fueron fantásticas: caminar entre árboles, sentir los fuertes vientos de verano acariciando mi rostro, observar cómo las ramas danzaban mientras sus hojas se rozaban entre sí produciendo un sonido casi hipnótico, ver saltar las ranas en los pequeños riachuelos.

En aquella etapa disfrutaba de pequeñas y grandes cosas con una intensidad natural. Al mirar en retrospectiva, me hice una pregunta sincera: ¿en qué momento empezó a disminuir mi capacidad de asombro?

Al revisar mi historia con honestidad, encontré una posible respuesta. En algún punto decidí enfocarme demasiado en encajar. Encajar en expectativas, en modelos sociales, en estructuras que poco a poco nos orientan hacia lo externo y nos alejan de la sensibilidad espontánea que caracteriza a la infancia. Sin notarlo, cambié contemplación por comparación. Cambié presencia por prisa.

A partir de ese descubrimiento tomé una decisión interior: recuperar mi identidad real sería una prioridad.

Entonces surgió otra pregunta, aún más profunda: ¿cuál es mi verdadera identidad?

La respuesta no apareció de inmediato. Exigió autoobservación, análisis sincero y la práctica constante de mirar hacia dentro. Pasaron años antes de comprender algo esencial.

Hoy puedo afirmar que mi verdadera identidad, esa que se sorprende ante una gota de lluvia, que se maravilla con el latido del corazón y la simpleza de la respiración, nunca desapareció. Siempre estuvo presente. Solo permanecía cubierta por distracciones que prometen satisfacción inmediata y nos hacen creer que encajar y acumular garantiza felicidad. Con el tiempo entendí que el valor de una persona no se define por lo que posee, sino por lo que expresa desde su esencia.

Es importante formarse, estudiar, aportar profesionalmente y contribuir al desarrollo de una sociedad. Sin embargo, la plenitud surge cuando los valores profundos de nuestra identidad acompañan cada rol que desempeñamos a lo largo de nuestra existencia: en la escuela, en la universidad, en la familia, en el trabajo o en el círculo de amigos.

Descubrir que podía ser auténtico, actuando desde la conciencia y la coherencia, transformó mi manera de vivir. Comprendí que, más allá de la función que cumpla, puedo aportar presencia, serenidad y claridad. Aun sigo trabajando para ser cada vez más coherente y, en consecuencia, cada vez más auténtico.

Cuando una persona se expresa desde su esencia, algo se ordena a su alrededor. La queja pierde intensidad. La incertidumbre encuentra dirección. La aparente debilidad revela una fortaleza interior que no depende de circunstancias externas.

La verdad que habita en el interior tiene la capacidad de derribar barreras y dar sentido al papel que cada uno interpreta en esta vida. Recuperar la capacidad de asombro no significa volver a ser niño. Significa volver a estar presente, encontrando equilibrio en la inocencia de la niñez con la inmensa sabiduría y experiencia de la madurez y, desde esa presencia, vivir con autenticidad.

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